Mundial 1934: Cuando el fútbol se arrodilló ante el fascismo en l Batalla de Florencia

 Por Juana Ferreyra

Historia de los Mundiales

A casi un siglo de su disputa, el enfrentamiento entre España e Italia en el Mundial de 1934 permanece en los libros de historia como el primer gran ejemplo de cómo el deporte puede ser usado como propaganda política.

Ese año estuvo marcado por una violencia política y criminal que transformó el panorama internacional. En mayo, la muerte de Bonnie y Clyde puso fin a una icónica era de delincuencia en Estados Unidos, mientras que en Europa el autoritarismo se radicalizó. Hitler consolidó su poder en junio con la Noche de los Cuchillos Largos y, en diciembre, el asesinato de Serguéi Kírov dio inicio al Gran Terror de Stalin en la URSS.

El fútbol tiene partidos que se ganan en la cancha y otros que se deciden en las oficinas o, como ocurrió en 1934, bajo la sombra del régimen militar. Aquel 31 de mayo y su posterior desempate el 1° de junio, no fueron simplemente encuentros de cuartos de final de una Copa del Mundo, fueron el escenario donde el régimen de Benito Mussolini demostró que no estaba dispuesto a permitir que la pelota contradijera su narrativa de superioridad nacional. 

Italia 1934 fue concebido para hacerle propaganda al régimen fascista. Bajo la atenta mirada del Duce, que ocupaba su palco en cada partido, la presión sobre los árbitros y los jugadores era asfixiante. Los seleccionados italianos, dirigidos por Vittorio Pozzo, sabían que la derrota no era una opción: el mensaje del régimen era "vencer o morir".

España, que llegaba con un equipo de leyenda liderado por el arquero Ricardo Zamora, se convirtió en el obstáculo más difícil para los anfitriones. Lo que sucedió en el Stadio Giovanni Berta de Florencia pasaría a la historia como una de las páginas más oscuras del deporte.

El primer partido fue una auténtica carnicería. España se adelantó con un gol de Regueiro, pero Italia respondió con una dureza física que hoy resultaría en múltiples expulsiones. El empate italiano (1-1) llegó tras una falta evidente sobre Zamora, quien fue sujetado y golpeado mientras la pelota entraba en la red. El árbitro belga, Louis Baert, permitió el juego brusco hasta el punto de que siete jugadores españoles terminaron con lesiones de gravedad.

Horas después, los protagonistas no tuvieron miedo de demostrar con amargura su impotencia de jugar contra un sistema injusto. El mítico arquero Ricardo Zamor dijo una frase que quedo para la historia:

"Nos birlaron el partido, que ha sido nuestro casi siempre, aunque con una dureza extraordinaria. Se ha jugado a un tren de verdadera locura y, como resultado de tantas violencias, ellos y nosotros salimos tocados, casi sin excepción. Fue indignante el gol que nos metieron y el gol que nos anularon", afirmó.

"Para empatar, me hicieron falta. Schiavio me alcanzó con dos soberbios puñetazos que me enviaron a sentarme al fondo de la red. El árbitro no tenía duda, lo iba a anular. Entonces, los italianos les trajeron a los jueces de línea, y éstos le convencieron para dar validez a semejante tanto. El segundo de Lafuente fue magnífico. Lafuente se internó, dribló y lanzó un disparo estupendo. Todavía no sé explica nadie por qué anuló ese gol", agregó.

Ricardo Zamora intercepta una llegada italiana con una "zamorana"

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