Mundial 1978: En Vélez se jugó España-Austria

Por Julieta Tangel

Historia de los Mundiales 

El dia que Liniers habló español

El invierno de 1978 encontró a la Argentina atravesando uno de los momentos más oscuros de su historia. La dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla usó el Mundial para mostrarle al mundo una imagen positiva del país, mientras crecían las denuncias por desapariciones y violaciones a los derechos humanos. En medio de ese clima, las Madres de Plaza de Mayo empezaban a hacerse visibles reclamando por sus hijos desaparecidos. Pero durante junio, aunque fuera por un rato, el fútbol parecía tapar todo lo demás.

El 15 de junio, el José Amalfitani se tiñó de rojo y amarillo. Miles de españoles llegaron hasta Liniers con la ilusión de ver a su selección seguir con vida en el Mundial. España venía arrastrando años de frustraciones y veía en ese equipo dirigido por Ladislao Kubala una oportunidad para volver a ilusionarse. Del otro lado estaba Austria, un equipo mucho más ordenado, fuerte físicamente y con Hans Krankl como gran figura. España necesitaba ganar sí o sí después del empate contra Brasil. No había margen para otro golpe.

Desde temprano se sintió que no era un partido cualquiera. El frío pegaba fuerte en Liniers, pero la cancha tenía clima de final. Los españoles cantaban desde las tribunas mientras los austríacos parecían vivirlo con más calma. Cuando arrancó el partido, los nervios se notaron enseguida. Había mucha tensión, pierna fuerte y poco espacio para jugar. Austria entendió rápido cómo había que jugarlo y golpeó primero. Krankl apareció en el área y definió con una tranquilidad tremenda para poner el 1-0 y dejar mudo al Amalfitani. Por un momento, el sueño español parecía terminarse ahí mismo.

España reaccionó más por empuje que por buen juego. Asensi empezó a manejar la pelota y el equipo fue llevando a Austria cada vez más cerca de su arco. El empate llegó en el segundo tiempo y la cancha explotó. Las banderas volvieron a agitarse y los hinchas españoles se abrazaban como si el Mundial hubiera recién empezado. “Todavía estamos vivos”, llegó a decir un periodista del diario Marca desde la platea de prensa.

Pero Austria nunca perdió el orden. Justo cuando España parecía estar más cerca del segundo gol, volvió a aparecer Krankl. El delantero aprovechó un descuido defensivo y marcó el 2-1 definitivo. Ahí sí, el silencio cayó sobre Liniers. En los minutos finales, España fue puro apuro: centros desesperados, pelotazos y jugadores agotados corriendo más con el corazón que con ideas. Cuando el árbitro marcó el final, varios futbolistas españoles quedaron tirados sobre el césped, golpeados por una eliminación que dolía mucho más de lo esperado.

Con el paso de los años, ese partido quedó guardado en la memoria del Mundial 78 y también en la historia del Club Atlético Vélez Sarsfield. No solamente por el resultado, sino por la imagen del Amalfitani convertido por una tarde en una pequeña España en medio de Buenos Aires. Porque a veces los estadios también guardan eso: emociones, despedidas y recuerdos que siguen vivos mucho tiempo después del último silbato. 

Formación de España vs Suecia el 11 de junio de 1978.

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